Valentín Roma

GUY DEBORD – Tesis sobre la revolución cultural

marzo 16th, 2009 by admin

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El objetivo tradicional de lo estético es hacer sentir, en su ausencia, ciertos elementos pasados de la vida que a través de la mediación del arte escaparían de la confusión de las apariencias, en tanto la apariencia es lo que sufre bajo el reinado del tiempo. El grado de éxito de lo estético se mide entonces por una belleza inseparable de la duración, y tiende incluso a pretender eternidad. El objetivo situacionista es la participación inmediata en una apasionada abundancia de vida través de una variación de momentos intensos resueltamente conducidos. El éxito de esos momentos sólo reside en su efecto pasajero. Los situacionistas consideran la actividad bajo una perspectiva de totalidad, como un método experimental para construir la vida cotidiana, que puede ser permanentemente desarrollada con la extensión del ocio y la desaparición de la división del trabajo (empezando con la división del trabajo artístico).

 

 

El arte puede cesar de ser un informe sobre sensaciones y convertirse en una organización directa de sensaciones más intensas. Es una cuestión de producirnos a nosotros mismos, y no de producir objetos que nos esclavizan.

 

 

Mascolo tiene razón al decir que la reducción de la jornada laboral bajo un régimen de dictadura del proletariado es «la más segura garantía que puede ofrecer de su autenticidad revolucionaria». Es más, «si el hombre es una mercancía, si puede ser tratado como cosa, si las relaciones generales entre los hombres son relaciones cosificadas, ello es posible porque al hombre se le puede comprar su tiempo». Mascolo, en todo caso, concluye demasiado rápido que «el tiempo de un hombre que trabaja libremente» se emplea siempre adecuadamente, y que «el comercio del tiempo es el único mal»(2). No hay libertad en el uso del tiempo sin la posesión de los instrumentos modernos de construcción de la vida cotidiana. El uso de esos instrumentos marcará la diferencia entre un arte utópico revolucionario y un arte revolucionario experimental.

 

 

 

Una asociación internacional de situacionistas puede pensarse como una unión de trabajadores en el sector especializado de la cultura, o más precisamente como un sindicato de todos aquellos que reclaman el derecho a una tarea por ahora impedida por las condiciones sociales; como un intento de organización de revolucionarios profesionales de la cultura.

 

 

 

En la práctica, estamos separados de cualquier control verdadero sobre los materiales acumulados por nuestro tiempo. La revolución comunista no ha ocurrido, y todavía vivimos el tiempo de la descomposición de las viejas superestructuras culturales. Henri Lefebvre ve con claridad que esta contradicción está en el núcleo de la discordancia, específicamente moderna, entre el individuo progresista y el mundo, y llama «revolucionario-romántica» a la tendencia cultural que se basa en esta discordancia. El fallo en la posición de Lefebvre es que convierte la simple expresión de discordancia en criterio de la acción revolucionaria en el campo de la cultura. Lefebvre renuncia de antemano a todo experimento cultural orientado a un profundo cambio cultural, pero se mantiene satisfecho con un mensaje: la conciencia de lo -todavía demasiado remoto- imposible posible, que puede ser expresado sin importar qué forma adopte en el marco de la descomposición.

 

 

 

Quienes no intentan superar el viejo orden establecido en todos sus aspectos no pueden adherirse al desorden del presente, ni en la esfera de la cultura. Uno debe luchar, y no mantenerse a la espera -y eso vale igualmente para la cultura- de que el orden desplazado del futuro formule una apariencia determinada. Es su posibilidad, presente ya en nuestro tiempo, lo que devalúa cualquier expresión en formas culturales ya conocidas. Uno debe rebasar toda forma de pseudocomunicación hasta su destrucción final, para alcanzar algún día una comunicación directa y real (desde nuestra hipótesis de trabajo de los más altos objetivos culturales: la construcción de la situación). El triunfo espera sólo a aquellos que sean capaces de generar auténtico desorden sin amarlo en absoluto.

 

 

 

En el mundo de la descomposición cultural podemos interrogar nuestra potencia, pero no emplearla. La tarea práctica de superar nuestra discordancia con el mundo, es decir, de rebasar la situación de descomposición hacia construcciones más elevadas, no es romántica. Seríamos «revolucionarios románticos», en el sentido de Lefebvre, precisamente en proporción a nuestro fracaso.

 

Notas
1. Internationale situationiste #1, Junio 1958, pp. 20-21.
2. Dyonis Mascolo, Le Comunnisme: Revolution et communication, ou la dialectique des valeurs et des besoins, Gallimard, París 1953.

Publicado LA COMUNIDAD INCONFESABLE | No hay comentarios »

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