Valentín Roma

LA CUARTA CORNISA DEL PURGATORIO – Valentín Roma (2016)

enero 10th, 2016 by admin

Unos meses después de la muerte de Alberto Moravia, cuatro amigos fueron a vaciar el estudio donde éste solía retirarse para escribir. Llegaron temprano, a eso de las nueve de la mañana, y nada más entrar les recibió una bocanada de olor a Toscano. Por un momento pensaron que Moravia aún estaba dentro.

Abrieron todos los ventanales de la espaciosa vivienda, observaron cómo revoloteaba un polvo denso y de color pardo y, por último, recorrieron las distintas habitaciones.

Attilio Bertolucci carraspeó. Paolo Volponi se rascó el cuello por debajo del nudo de la corbata. Giorgio Bassani extrajo de una estantería el número quince de la revista Parangone y Enzo Siciliano sacó unas gafas del bolsillo mientras se sentaba en la silla de trabajo de Moravia. Luego entornó los ojos ante la máquina de mecanografiar, aproximando la vista al folio que aún permanecía sobre el rodillo.

Empezó a leerlo para sí mismo, pero al cabo de unos segundos, sin saber porqué, prosiguió la lectura en voz alta.

Al oír aquella voz sedosa que retumbaba por toda la casa, el resto de amigos fueron abandonando las diversas estancias, acercándose lentamente y sin hacer ruido hasta la mesa del novelista.

Aparte de Siciliano, nadie se sentó. Todos fijaron sus miradas hacia puntos distintos de la vivienda.

“… A veces, cuando cierro los ojos, se me aparecen unos rostros. Esto no en sí mismo algo extraordinario, si no fuese porque esas caras poseen una inesperada claridad, una nitidez acongojante.

Si Pier Paolo estuviera vivo seguramente habría dicho que me visitan los habitantes de la cuarta cornisa del Purgatorio, esos que Dante describió como los perezosos.

Los rostros no son conscientes de que los miro, aunque si fijo mi atención sobre cualquiera de ellos al cabo de un rato se giran y dirigen su vista hacia mí.

Resulta difícil precisar el porqué, pero mientras observo las caras intuyo que, si abro los ojos, ellas desaparecerán. También sé que si trato de mirar sus cuerpos los rostros se evaporan.

El lugar donde las caras se muestran es una pared que cambia de color: primero la veo gris azulado, después marrón con tonos rojos y, finalmente, negra.

En algún momento creí que era un espacio similar a los de las pinturas de Massaccio.

De todas formas, puedo asegurar que las caras vienen del pasado, acaso de mi pasado, y no lo digo por algún detalle anacrónico, sino porque me miran como si ya me hubiesen visto antes, como si me reconociesen”.

Publicado ESCRITURA - V. ROMA | No hay comentarios »

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