Valentín Roma

MANTRA NEGRO – Valentín Roma (2013)

abril 17th, 2013 by admin

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

El negro es el color que mide, de forma cruel, el dominio o la impericia de los pintores. El negro es la última instantánea que contempla el fotógrafo justo después de pulsar el obturador. El negro es el testimonio de que la página en blanco dejó de ser un lugar de posibilidades o un terreno yermo. Y el fundido en negro señala que debemos abandonar la vida de los otros, para volver apresuradamente a nuestra vida sin guión.

Pero el negro es, también, ese enorme parpadeo de la historia llorando imágenes indigeribles, lágrimas negras que en absoluto son lágrimas de latón; el blackout de la economía mirando como un cíclope aturdido, por debajo de su único parche negro, mientras grita aquello de “¡Nadie me hirió!”.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Un Jueves Negro de 1929 la Bolsa neoyorquina le narró al mundo su derrumbe y, a partir del 15 de septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers proclamó su gigantesco agujero negro, no hay lunes en el mundo globalizado que no sea otro-negro-lunes-que-ya-transcurrió.

Entretanto, detrás de cada curva financiera se nos aparece la enérgica silueta de los hombres de negro, espectros de la troika que dejan a su paso un archipiélago de mercados negros, fantasmas que arrastran pesados maletines de cuero negro y que sustituyeron el frac y la levita por los trajes caros de Tom Ford.

Y hablando de ángeles negros, recordemos a Bayard Rustin –el activista por la igualdad racial y los derechos de gays y lesbianas–, quien subido al Monumento a Lincoln, igual que el cuervo negro de Poe, gritaba desde lo alto: “No Nigger, no More”.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Ya que por acumular oro negro se libran guerras, se establece un “Nuevo Orden Mundial” –eso que el pueblo llano denomina una “Merienda de Negros”– y se ponen a circular categorías movedizas, donde se confunde la necesidad, el precio y el valor.

Todos vemos todo negro, incluido El Corte Inglés, quien ciertos días del año llena sus escaparates con biografías y memorias inconfesables de políticos ilustres, la mayoría de ellas redactadas por negros eficientes, ghost writers pagados con grandes sumas de dinero B –B de black–, concienzudos amanuenses que reescriben la historia en negativo, es decir, atendiendo exclusivamente a lo que nunca sucedió.

Y hablando de libros conviene advertir que tanto el comunismo como el capitalismo han tenido sus respectivos libros negros, textos elaborados no precisamente por negros, sino por autores que gozan de una fecunda leyenda negra, analistas que examinan la memoria con moviola y que, como tertulianos deportivos clamando ante penaltis y fueras de juego inexistentes, se extasían cuando sus gigantescas lupas reaccionarias les devuelven las más insoportables instantáneas del horror.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Por eso las famosas listas negras ya no pertenecen sólo a los partidos políticos, a las nomenclaturas empresariales y a quienes generan spam mediante su ordenador: cualquier teléfono móvil ofrece este servicio a sus usuarios, basta con marcar en negrita el contacto seleccionado, así nos quedamos, como decía Mario Benedetti, entre soledades concurridas, a solas con el rostro de vos.

Todo se viste de negro aunque la elegancia ideológica es otra cuestión. Negros eran los trajes de los moschettieri del Duce, la sotana de jesuitas y dominicos, así como la bandera negra que caía sobre los hombros anarquistas de Louise Michel. Y también fue negro el uniforme de las SS, primera producción en serie nada menos que de Hugo F. Boss.

“Todos somos negros”, clamaba una campaña anónima y colectiva, promovida desde el Museo Reina Sofía de Madrid contra el Bicentenario de las revoluciones independistas americanas de 1810.

“Todos somos Negri”, gritaban las hordas de estudiantes que esperaban a Antonio Negri ante la puerta de la cárcel romana de Rebibbia, en 1997, cuando fue liberado para cumplir arresto domiciliario.

“Todos somos Negrín”, dijeron con la boca pequeña los treinta socialistas que el partido expulsó una mañana de Sant Jordi de 1946.

“Todos querríamos ser Negroponte”, se supone que pensaron un pequeño grupo de niños africanos, famélicos y negros, cuando el apóstol de la tecnología se apareció en cierta aldea de Uganda para presentarles su último juguete: 100 dólares comprimidos en un pequeño laptop.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Gatos negros y gallinas negras, cuervos negros y culebras negras, murciélagos negros y ovejas negras: todas estas especies componen un inaudito parque zoológico, el arca de Noé de la superstición.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Porque incluso el mismísimo Cervantes vestía de negro cuando recaudaba impuestos para Felipe II. Y es que para aquellos que no lo sepan, el hacedor de El Quijote fue en sus ratos libres, o fue todo su vida, El Cobrador.

No es extraño, por tanto, que Michael Jackson quisiera cambiar su piel de color.

Todo lo vemos negro. Y con cierta razón.

Cuartos negros a los que se les llama oscuros quizás por una de esas veleidades que tiene la inhibición. Y eso que Bataille lo dejó claramente escrito: “la oscuridad nunca miente”, a lo que podríamos añadir que la luz siempre nos cegó.

Ya voy terminando, porque como suele decirse, the rest it’s silence, o sea, bienvenido sea el apagón. Me dejó mucho negro por el camino: las mareas y las novelas negras, Orfeo y los caballitos negros, una plañidera que ríe y llora por debajo de su velo negro, la Coca-Cola y ese toro enamorado de la luna.

Pero es que las fiestas se terminan cuando abandonamos lo negro, cuando alguien inoportuno aprieta el click del interruptor.

Todo lo vemos negro. ¡Y CON TODA LA RAZÓN!

Publicado ESCRITURA - V. ROMA | 2 Comentarios »

2 Respuestas

  1. elena aitzkoa Dice:

    Pero que negra la priavera
    y que negras las negras
    las negras moras.
    no hay color más fecundo
    por lo menos en mi pueblo!
    me ha gustado mucho este post.
    mucho ritmillo
    a golpe de estribillo
    y libertad o placer.
    besos!

  2. Tomás Dice:

    Me encanta que de la oscuridad de tu web, reflejo de todo lo que todavía nos queda por iluminar, emerjan la luz de tus palabras. Es un placer leerte.
    Un saludo!

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