Valentín Roma

UNA CARTA EXTRAVIADA

junio 14th, 2012 by admin

(Por su interés, reproducimos aquí una carta dirigida por Adriana Ortega a Damián Ortega, de la editorial mexicana Alias, que en la repetición de los apellidos –pues no hay parentesco alguno entre Adriana y Damián- o en no se sabe qué circunstancia fue dirigida a Nuria Enguita Mayo, qué es quién nos la remite).

 

Estimado Damián,

Quería darte las gracias por tu colaboración en Concreta, creo que las noticias sobre ALIAS será un punto de máximo interés en este primer número. Ahora te escribo por una cuestión diferente. Una amiga de Barcelona que está realizando una tesis sobre las “economías” de Marcel Duchamp – y que estaba especialmente interesada, entre otras actividades, en la de su faceta de marchante/ vendedor de obras de Brancusi-, ha tenido acceso, en el archivo de  Pierre Cabanne (donado después de su muerte en 2007 a la biblioteca pública de la localidad en la que vivió gran parte de su vida, Meudon) a los materiales originales del libro Conversando con Marcel Duchamp, que vosotros habéis publicado en ALIAS y que imagino tendrá una gran repercusión pues la versión española editada por Anagrama es muy difícil de localizar.

Dado que la donación del archivo Cabanne es muy reciente, aún se está catalogando y son muy pocas las personas que han tenido acceso a los documentos. Después de estudiar los materiales relativos al libro de Brancusi mi amiga  continuó mirando las notas para el libro de las conversaciones con Duchamp y pudo ver que Cabanne  había redactado una serie de conclusiones y noticias sobre la relación Picasso /Duchamp que finalmente no quiso publicar…. Cabanne era una persona rigurosa  y polemista pero quizá le pudieron molestar ciertas habladurías o interpretaciones irónicas sobre el que había sido su amigo y al que había dedicado gran parte de su vida investigadora;  el gran “artista” , el “genio”, frente a  “los  artistas rigurosos, eminentemente moralistas,  que fueron Kandinsky, Duchamp, Mondrian o Malevich”… artistas “inventores” junto a los que pasó “sin apenas fijarse en ellos” como escribe en la introducción de su magna obra “El siglo de Picasso”. En ese libro acepta de hecho saber cosas que calla…

Parece que esas cosas que calla tienen que ver con ciertos episodios de la vida de Picasso , algunos mas conocidos y otros menos, sobre los que se ha pasado muy deprisa, como por ejemplo su encuentro en la Rue Lepic con Jacques Villon, el hermano mayor de Duchamp, al poco tiempo de llegar a París. Picasso, el españolito emigrado,  parece que nunca perdonó la risa burlona de Villon, el burgués hijo de notario, al verles  a él y a su amigo Casagemas, -a los que probablemente había conocido ese mismo día en el estudio de Nonell-, subiendo la rue Lepic con una carreta cargada de trastos, cuando se dirigían a su nuevo estudio. Aunque el biógrafo de Duchamp, Tomkins, da una explicación ( Villon pudo pensar que , como otros tantos artistas, Picasso se estaba escapando sin pagar el alquiler ) y el de Picasso, Richardson, da otra ( que posiblemente  tendrían un empleo nocturno) parece claro que Picasso se sintió profundamente herido en su orgullo y cuenta Cabanne, en la parte no publicada de sus conversaciones con Duchamp, que ese reproche de clase es la razón por la que nunca acudiera a las reuniones de Puteaux, donde iban casi semanalmente un gran número de artistas para hablar, sobre todo, de cubismo.

Del conocido “affaire des statuettes” , que se desencadenó a partir del robo de la Gioconda, también se despachan a gusto y  Cabanne le tira de la lengua a Duchamp sobre el significado “oculto” de los bigotes de la Gioconda y de su juego de palabras L.H.O.O.Q (”elle a chaud au cul”; ella tiene el culo caliente ) a lo que Duchamp insinúa una referencia velada a la amante de Apollinaire, Marie Laurencin, que abandonó al poeta después de salir éste de la carcel, y a quién por otro lado Picasso no podía soportar…  Pero Fernande también se separó de Picasso, según recoge Richardson, porque éste nunca le perdonó que hubiera sido testigo de los nervios y de la vergüenza que sintió el artista  ante su debilidad en el affaire mencionado, cuando declaró en los interrogatorios sobre el robo de la Gioconda que no conocía a Appolinaire. A lo que Cabanne aventura si en el fondo no se podría tratar también de ponerle bigotes a Picasso, recordando a su vez el comentario de Duchamp sobre su Mona Lisa “Lo más curioso sobre este bigote y esa perilla es que, cuando los miras, la Mona Lisa se convierte en hombre. No es una mujer disfrazada de hombre; es un hombre auténtico, y ése fue mi descubrimiento, aunque no me diera cuenta de ello en aquella época”.  La imagen de la Mona Lisa intervenida, que convertida rápidamente en un topos que  se puede adaptar para otros usos, fue utilizada posteriormente por Dalí como  su propio autorretrato, en otro acto de apropiación magistral.

Cabanne dedica un importante material que tampoco ha visto la luz a la actividad de Duchamp como asesor de compras de la Societé Anonyme así como a su actividad de biógrafo para los archivos de esa misma sociedad, pero de nuevo su interés parece centrarse casi exclusivamente en su relación con Picasso, ya que el historiador es consciente de la animadversión del pintor hacia  Duchamp , al que no hace ni caso, como tampoco haría caso a Peggy Guggenheim cuando ésta quisiera comprar obra suya para su colección. La negativa de Picasso en ambos casos no merece mucha atención en las conversaciones, lo que me sorprende pues es como si Picasso quisiera excluirse de un mundo nuevo, y de unas colecciones fundamentales para la difusión del arte moderno. Duchamp, que perseguía obras de la época de “Las Señoritas…” ,  adquiere finalmente otras que curiosamente carecen de connotaciones sexuales, lo que podría deberse a una posible venganza ante un pintor con el que si compartía algo era conceder una gran importancia al erotismo en todos los aspectos de la vida ( aunque gestionado de manera muy diferente, añadiría yo). 

En el libro Conversando con Duchamp el artista ofrece evasivas ante las insistentes preguntas del historiador sobre las fichas de las obras de la colección de la Societé Anonyme  y especialmente sobre la de Picasso, que adjunto a continuación. Escrita en 1943, muestra ya una divergencia irreconciliable , acaso también entre París y Nueva York; un momento en el que Picasso está alcanzando la gloria y Duchamp está cada vez mas alejado de la pintura concentrado en su autobiografía en forma de archivo-maleta, La Boite en valise.  En los papeles del archivo de Cabanne éste insiste una y otra vez pero Duchamp  no dice nada, solo al final, cuando Cabanne parece que se bate en retirada, le dice que simplemente había contribuido a mantener el mito, la  oscura leyenda del genio, objeto de un culto heroico, o mas aún de una veneración supersticiosa por parte del público …. El mito de Picasso… y sobre todo el suyo propio… (Corroborando la opinión de Ángel González que ha señalado como  “en el siglo XX, más que en ningún otro seguramente, han prosperado las simulaciones o mixtificaciones fértiles; construcciones o formaciones legendarias deliberadas , y sin duda intrigantes, como las que Duchamp y su amigo Dalí  intentaron consigo mismos).

Aquí van los comentarios ciertamente banales y tremendamente perversos desde mi punto de vista de Duchamp sobre Picaso:  “Pablo Picasso, pintor, escultor, grafista, escritor. El solo nombre de Picasso encarna la expresión de un pensamiento nuevo en el reino de la estética. Entre 1905 y 1910, Picasso, inspirado por las esculturas negras primitivas recientemente introducidas en Europa, llegó incluso a rechazar la herencia de las escuelas impresionista y fauve y a liberarse de cualquier influencia inmediata. La principal contribución de Picasso al arte habrá sido partir de cero y mantener esa frescura con respecto a todos los nuevos modos de expresión que marcarán las diversas épocas de su carrera. El Cubismo, en sí, fue un movimiento artístico en cuyo interior Picasso se limitó a ser un pionero. Nunca se sintió obligado a desarrollar una teoría del Cubismo, pese a haberla elaborado él mismo. Picasso, en cada uno de sus estilos, ha subrayado su intención de liberarse de todas las realizaciones anteriores. Una de las diferencias más importantes entre Picasso y la mayoría de sus contemporáneos, es que, hasta hoy, jamás ha manifestado ninguna señal de debilidad o de repetición en su caudal ininterrumpido de obras maestras. La única orientación permanente en su obra es un lirismo agudo, que, con el tiempo, ha adquirido crueles acentos. De vez en cuando, el mundo se busca una personalidad sobre la que descansar ciegamente –una adoración de esta índole puede compararse a una vocación religiosa y sobrepasa el razonamiento. Hoy en día miles de partidarios de las emociones artísticas sobrenaturales se vuelven hacia Picasso, quien jamás los defrauda”.  (M. D., 1943, recogido en Societé Anonyme)

Bueno, Damián, hasta aquí estas noticias increíbles. Creo que es todo por ahora aunque mi amiga sigue investigando.  Fue idea de las dos mandarte esta carta y contártelo todo inmediatamente.  Sería interesante que una editorial que publica textos copiando el original o adaptándose a él, como es ALIAS, hiciera una nueva versión del libro de Duchamp con semejantes adicciones. Este si que sería un libro mas adecuado, mas certero, aun siendo un “alias” del otro, o por eso mismo.

Seguimos

Un fuerte abrazo

Adriana

 

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