Valentín Roma

LION FEUCHTWANGER – pág. 203

enero 8th, 2012 by admin

Casi todos los miembros de esa microscópica y extravagante comunidad que adora a Hans Bellmer suelen rememorar, cuando se ven exigidos, una anécdota enigmática y seguramente falsa, la cual transcurrió cierta mañana cualquiera en el Camp des Milles, aquel centro de confinamiento nazi situado cerca de la Provenza, dentro de una antigua fábrica de tejas.

Allí estaban Bellmer y Lion Feuchtwanger, tendidos encima de sus respectivos camastros, cuando el primero dijo, sin ningún tipo de prolegómeno, que su primera obras tras ser liberado llevaría por título Homenaje a Mallarmé y que consistiría en un dado, “un dado con las caras de seis muñecas rubias sobre una peana móvil, siempre rodando”.

Un año más tarde de esta conversación, en 1940, el artista polaco regresó a su estudio parisino bastante más flaco y ya alopécico, sin embargo, nunca llegó a realizar la escultura que tan claramente veía.

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