Valentín Roma

Contra Albert Camus, futbolista

julio 20th, 2011 by admin

Decía Albert Camus que todo lo que sabía acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres lo había aprendido en el fútbol.

Este comentario, glosado en miles de ocasiones –sobre todo por quienes no jugaron nunca al fútbol o por quienes no han leído demasiado a Camus–, encierra en su supuesta trascendentalidad uno de las enseñanzas básicas que se adquieren al entrar en un vestuario futbolístico: se acabó la libertad de jugar en la calle, debemos cumplir con un conjunto de normas inquebrantables, el jefe es el entrenador.

Queda, aún así, un margen para divertirse, el cual se acaba en el momento que cobras tu primera prima, desaparece cuando firmas tu primer contrato y se cauteriza cuando compruebas que van a bajarte al segundo equipo porque no cumpliste con las expectativas creadas, cuando tienes que regresar a tu barrio y dar explicaciones a tus amigos.

Pero insisto: Camus tenía una visión muy académica del fútbol, una visión existencial y, por tanto, etérea, intelectualizada. Camus tenía alma de entrenador o de aguerrido capitán, dos caras de la misma moneda. Por eso intuyo que su leyenda de portero argelino prometedor seguramente era eso, una exageración legendaria.

Y es que debemos decirlo bien alto: en el fútbol se aprende, antes que otra cosa, a pisotear los límites de la moralidad y a eludir cualquier obligación, sobre todo si perteneces a la tropa de futbolistas que nunca serán entrenadores y que no tienen la pretensión de ejemplificar valor alguno, como sucede con la mayor parte de soldados rasos del mundo del fútbol.

Por eso para divertirse estructuralmente, para jugar en el sentido literal del término, hay que contradecir a Camus, hay que ser un futbolista anti-camusiano.

Es extraño que los intelectuales que hablaron y escribieron sobre el fútbol tengan a Albert Camus como modelo paradigmático. Son los mismos que chutaban frases de Bertolt Brecht para explicar aquella anacronía del “compromiso político”.

Por supuesto no estoy comparándolos, pero si algún día a Guillem Martínez se le ocurre hacer un peinado iconográfico de la Cultura de la Transición (CT), Brecht y Camus aparecerán en la misma repisa, el primero al lado de Monsieur Semprún, no junto a Serguéi Eisenstein; el segundo pegado a Eduardo Galeano o Ernest Hemingway, no junto a Otto von Bismarck.

Es extraño, decía, que los intelectuales que intelectualizan el fútbol nunca recuerden a Pier Paolo Pasolini, exquisito interior zurdo, extremo de gran habilidad para el desborde y el centro.

En el libro Album Pasolini (Mondadori, 2005, edición en italiano) hay un conjunto de extraordinarias fotografías del cineasta practicando el balompié. Junto a él aparecen un buen número de actores de sus películas e, incluso, hay una en la que se observa al mismísimo Fabio Capello formando con los brazos cruzados y muy serio.

Además de por su gesto de gladiador romano o boloñés a Capello se le reconoce porque es el único que tiene la camiseta sudada, mientras el resto sonríe a la cámara.

Cuentan que hubo un partido mítico entre los miembros del rodaje de Saló y los de Novecento, quienes apalizaron a los primeros con un resultado escandaloso. También cuentan que Pasolini se marchó del campo enfurecido, mientras Bernardo Bertolucci apenas podía contenerse la risa.

Publicado BLASFEMIAS, PENSÉES | No hay comentarios »

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