TERESA SESÉ - De profesión, comisario (La Vanguardia 02-01-2010)

ENTREVISTA REALIZADA POR TERESA SESÉ PARA EL ARTÍCULO: De profesión, comisario, publicado en La Vanguardia el 2 de enero del 2010*.
* Se han señalado en MAYÚSCULAS las partes que fueron reproducidas en la versión final del artículo periodístico.Tal vez hubiera sido más interesante invertir la estructura del artículo: fotos más pequeñas y texto más largo.
¿Cuál es y cuál debería ser la función del comisario?
ENTIENDO EL ROL DEL COMISARIO COMO UN EJERCICIO DE MEDIACIÓN NO EXENTA DE FRICCIONES. Mediación entre unas instituciones que tienen unos determinados parámetros de actuación y unos trabajos artísticos que, igualmente, poseen sus propias lógicas de funcionamiento. Mediación, también, entre el entramado legal y presupuestario que enmarca cualquier exposición realizada con dinero público y las necesidades técnicas, económicas y productivas que los artistas piden para desarrollar aquellas propuestas que luego serán exhibidas.
Mediación entre las particularidades simbólicas y programáticas de un espacio expositivo que –no olvidemos– se sitúa dentro de una oferta cultural, en un contexto ciudadano preciso y con unas intenciones políticas específicas; y la independencia ideológica de los proyectos artísticos que se presentan en estos mismos espacios. Mediación, finalmente, entre lo que el proyecto expositivo intenta comunicar y aquellas formas de interpelación y percepción desarrolladas por la audiencia.
EN CIERTO MODO CREO QUE EL COMISARIO DEBERÍA CUMPLIR UNA FUNCIÓN PARECIDA A LA DE UN EDITOR QUE REÚNE UNOS TEXTOS, LOS PROLOGA PARA EXPLICAR SUS RELACIONES INTERNAS, LOS EDITA PARA PULIR AQUELLO IMPRECISO, LOS ENCUADRA DENTRO DE UNA LÍNEA EDITORIAL PREDETERMINADA Y, UNA VEZ HECHO ESTO, SE SITÚA EN UN SEGUNDO PLANO, DEJANDO QUE SEAN LOS MISMOS ESCRITOS Y SUS AUTORES, ASÍ COMO LOS LECTORES, QUIENES ADQUIERAN TODO EL PROTAGONISMO.
Es importante señalar la importancia de la gestión en el ámbito del comisariado, la responsabilidad por parte del curator de exigir unas condiciones legales que homologuen y equiparen el trabajo de los artistas con el de otros profesionales de la cultura; la optimización de unos recursos económicos que deben ser utilizados racional y equitativamente entre todos los artistas implicados en un proyecto, sin desestabilizar a la institución pero exigiendo el cumplimiento de los compromisos de producción, preservación y difusión de los trabajos, así como la elaboración de un marco contractual idóneo, donde cada uno de los interlocutores participantes se sienta respetado y valorado.
-¿Hasta qué punto es cierta la imagen que tenemos del comisario como artista?
Salvo en casos muy concretos donde explícitamente se da ese doble papel, no creo que un comisario sea un artista. Diría, incluso, que el trabajo de un curator se sitúa justo en el lado opuesto al de los artistas. Me explico: por pequeño que éste sea, cualquier proyecto expositivo genera una cierta complejidad e involucra a numerosos agentes (diseñadores, montadores, prensa especializada, representantes políticos, directores de museo, coordinadores, ensayistas, etc.), por lo que resulta importante definir claramente las atribuciones de quienes lo están conceptualizando. Pienso que la función “creativa” de un comisario termina muy al principio de una propuesta: cuando se piensa ésta, cuando se establece una línea argumental, cuando se construye ese relato inicial que desencadena la exposición. Después el curator adquiere una función “pedagógica” que es tan fundamental como los trabajos artísticos pero que, sin embargo, se sitúa en otro ámbito diferente. Esta pedagogía no es otra cosa que la elaboración de metodologías de trabajo que sirvan a los artistas y a las instituciones como pauta de funcionamiento, como una estructura maleable que no sólo permita el diálogo y la matización, sino que sirva, también, para que el proyecto expositivo ni se deforme ni se desproporcione ni se simplifique ni pierda su tensión ideológica.
-¿Está usurpando la función del critico de arte?
No lo creo. Pienso que la crítica y el comisariado se mueven en espacios totalmente distintos y por eso no hay usurpación posible. El comisario plantea un proyecto expositivo y el crítico lo juzga una vez que se ha realizado; el comisario trabaja con instituciones y con artistas y el crítico lo hace con los responsables de aquellas publicaciones en las que escribe; el comisario se expresa a través del display museográfico y el crítico emplea el lenguaje verbal; el comisario piensa una exposición y el crítico la ve.
-Pese a que su visibilidad es a veces incluso mayor que la de del artista, existe un gran desconocimiento sobre su trabajo. ¿A qué cree que se debe esta opacidad?
En los últimos veinte años creo que se vivió un verdadero proceso de “curatorialización” del arte y, efectivamente, muchos comisarios se hicieron más importantes, más visibles, más influyentes y más poderosos que la mayoría de artistas, lo que habla muy mal de las dinámicas adquiridas. Como mínimo han habido dos o tres generaciones de artistas en España que han sufrido esta paradójica situación: los mediadores eran más importantes que los creadores. Pienso que es obligado revisar estos roles y estas jerarquías, rebajar el perfil de los comisarios, obligarlos/obligarnos a cumplir con otro tipo de tareas.
Respecto a lo que plantea tu pregunta, creo que en el ámbito artístico hay un profundo conocimiento del trabajo de un comisario, hay incluso una cierta mitificación. Fuera del sector del arte tienes razón en que no se sabe muy bien qué hace un comisario aunque, por otra parte, TAMPOCO SE ACABA DE COMPRENDER MUY BIEN LO QUE HACEN LOS ARTISTAS O PARA QUÉ SIRVEN LOS MUSEOS. Hablando en serio: las dinámicas profesionales del arte contemporáneo son muy desconocidas fuera de él básicamente porque no se explican en ningún sitio. Los museos no pueden asumir ese compromiso pedagógico porque no son aulas y porque carecen de recursos y de audiencia; las universidades y las escuelas desconocen cuál es el funcionamiento laboral del arte porque la mayor parte del profesorado pertenece al ámbito de la historiografía (aunque eso está cambiando); los medios de comunicación poseen un espacio muy reducido para expresarse y tienen que cumplir tareas informativas y de evaluación.
Otra cosa es el tema de la opacidad, que creo no puede hacerse extensible a todos los comisarios porque me parece que es cosa de alguno o alguna muy concreto.
-¿Por qué suscita tantos recelos?
Supongo que por su propia indefinición, o por ese valor jerárquico que se le presupone erróneamente, o POR EL PROTAGONISMO QUE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN LE HAN OTORGADO y que ha acabado generando cierta animadversión, o por el poder que muchos comisarios han adquirido dentro del sector del arte, o POR EL VEDETTISMO que ostentan gran cantidad de curators, o por su mismo papel de mediador…
-¿El comisario de bienales y grandes eventos es el que acaba marcando el rumbo del arte, más incluso que el director de museo?
Las bienales y los grandes eventos artísticos han proliferado tanto en los últimos años que ser comisario de alguno de ellos no sé si te da ese poder omnisciente que dices. Supongo que el foco mediático te alumbra –también te puede deslumbrar– mientra dura el acontecimiento y tu cuenta corriente intuyo que subirá bastante; sin embargo, cuando la “cosa” se acaba o enlazas con otro macro tinglado o en poco tiempo vuelves a la lógica, necesaria y anónima realidad. Hay muchísimos ejemplos de directores de bienales o de importantes eventos del mundo del arte que, después de éstos, han tenido que retomar su actividad como free lances e iniciar otra vez la dinámica de proponer proyectos a las instituciones para poder seguir trabajando. Incluso esa epifanía de las epifanías del arte contemporáneo que es Documenta –hubo un momento paradójico en cierta prensa del arte barcelonesa donde saber quién sería el próximo director de la Documenta era la principal preocupación del sector; por suerte, ya pasó esta gran inquietud: otro ejemplo más de fetichismo mediático con el figura del comisario– ha tenido algunos comisarios que luego han abandonado ese protagonismo que en su momento tuvieron.
Yo no creo que haya un master plan que determine el rumbo del arte y, por supuesto ni los directores de museo ni los “grandes” comisarios tienen esa varita mágica. El arte contemporáneo tiene muchos rumbos y no hay que confundir la visibilidad con la significación, ni siquiera con el dinero.
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