Valentín Roma

DÍSELO TÚ – Valentín Roma (2003)

agosto 8th, 2008 by admin

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Explícaselo tú, anda. Pero explícaselo bien, despacito y con todos los detalles. Cuéntale cómo corrían detrás de ti los perros y cómo se quedaron, correteando nerviosos y chocándose entre sí, junto a la verja del cementerio mientras buscabas la tumba de Hilario y te metías dentro. Y dile también lo del tatuaje en el hombro izquierdo, lo que quieren decir esas tres letras, sobre todo la te final, porque eso, aunque esté mal hecho y no lo parezca, es una te, ¿o no?

En la calle del Reloj todas las casas miden lo mismo de alto y también casi igual de ancho. Sólo hay dos que son distintas: una está situada en la acera de la derecha y tiene la fachada más grande que el resto. En ella vive Vicente, al que llaman Centuria porque se ocupa de guardar las llaves del ayuntamiento y del casino y porque, cuando celebran San Roque, sube al balcón del consistorio con un micro y dice: “atentos todos, por aquí viene la comitiva, ya se acercan a la plaza de la iglesia”, y entonces los jóvenes le gritan y le tiran pedazos de torta que nunca le alcanzan. En la otra casa vive Robles, que estuvo preso durante la guerra y volvió al pueblo muchos años más tarde, cuando la que era su novia ya se había casado y tenía dos niños. Los domingos Robles hace tres cargas de leña temprano y se emborracha de vino, luego va a la salida de misa con los harapos fuera, la boina caída hacia atrás y canta “La Internacional” a los que salen. Mi madre dice que es un pobre diablo, que bebe porque echa de menos a esa familia que nunca tuvo y porque está solo en el mundo. En casi ninguno de los bares le dejan entrar si no va acompañado por alguien. Mi padre y sus dos amigos, Carmelo y Demetrio, lo cuelan en la taberna de Teófilo, le llaman camarada y le quitan la boina, piden rondas de vino para todos y le retan a que levante el puño izquierdo. Robles dobla el brazo con dificultad y temblando lo despega un momento del cuerpo. Entonces los cuatro empiezan a gritar: “Arriba los pobres del mundo, abajo el imperio burgués…”.

¿Te imaginas no tener que ir a trabajar? ¿Que nadie te mande ni te digan lo que debes hacer? Eso es el anarquismo. Cada uno hace lo que quiere. Si tú sabes de motos pues te dedicas a las motos, si yo sé de libros pues enseño a la gente a leer y a escribir. Ah! y el dinero no existe, todo se hace por trueques. Vas a la panadería y pides una barra de pan a cambio de otra cosa. ¿Sabes esa canción de Alaska, la de “¿A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga?” pues eso es también el anarquismo, que nadie se meta contigo por el pelo que lleves o por la ropa. La gente no te clasifica ni tiene prejuicios en una sociedad anarquista. Sí, ya se que aún nos queda mucho para llegar a eso pero poco a poco las cosas van a ir cambiando. Lo que no podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados, decir que pasamos cuando en realidad nadie pasa, ¿o tú pasas de la posibilidad de mandar a la mierda a tu jefe y montar tu propio taller de motos? ¿Y el Sejo qué? Todo el día haciendo cinturones en el zulo aquel de Montcada i Bifurcació para ganar ¿cuánto? ¿treinta mil pesetas al mes? Yo de eso sí que paso, de que me exploten y me hagan levantarme a las cinco de la mañana para que otro se compre un coche más grande y más lujoso. Marx lo dice bien claro: la lucha de clases, Los pobres nos rebelamos y le quitamos el dinero a los ricos, como la frase aquella del Ché Guevara que te dije el otro día: “Más vale morir de pie que vivir arrodillado”. Por cierto, un grupo de viejos anarquistas hacen una charla el jueves en el Casal de Cultura, podíamos pasarnos a escuchar. Van a hablar de la Guerra Civil y de cómo les torturaron los franquistas en las cárceles. Ya…, mi madre a mí tampoco me deja ir pero no le pienso pedir permiso, dice que soy un crío para meterme en política, que con mi padre ya tenemos bastantes revolucionarios en casa. En realidad lo que le pasa es que como los rojos fusilaron a su tío le dan miedo todas estas movidas. Sí, te lo he explicado mil veces, se llamaba Secundino Serrano y era amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera. Por la noche, aprovechando que los guardias dormían le llevaba tabaco y comida a la cárcel. La casera del piso donde vivía le denunció porque quería acostarse con él y a mi tío no le gustaba. Lo fusilaron junto a José Antonio, mientras los dos cantaban el “Cara al Sol”. Mi abuelo siempre lo canta y si no lo silba cuando nos sentamos a comer, supongo que para cabrear a mi padre.

Encima de la mesita de noche hay una fotografía. En ella un hombre joven mira fijamente a la cámara. Lleva pantalones de franela gris oscuro y una camisa arremangada. Con una mano agarra un fusil que apoya contra el suelo, con la otra sostiene en alto una bandera roja y negra. En medio de la bandera pueden leerse las siglas C.N.T. recién pintadas de blanco. A su lado se ve un perro famélico que mordisquea un crucifijo de madera. Más allá, sentado en uno de los peldaños de la entrada a la iglesia, hay un cura atándose los zapatos. Tiene el pelo revuelto y lleva gafas redondas de pasta. Junto a él aparece un furgón polvoriento con las iniciales F.A.I. escritas en una de las puertas. Varios hombres entran y salen de la iglesia, se suben en lo alto del furgón y dejan, amontonados, fragmentos de imágenes de santos y vírgenes. La cabeza de un crucifijo ha caído rodando y se ha quedado junto al neumático trasero, mirando fijamente hacia la arboleda que hay al fondo. Dos chiquillos se acercan corriendo, peleándose por quien llegará primero a chutarla.

Texto publicado en la revista del proyecto La Ruta del Anarquismo del Colectivo Turismo Táctico - Fundació Antoni Tàpies y La Virreina Exposiciones (Barcelona)

Publicado ENSAYOS SOBRE EL ARTE - V. ROMA, ESCRITURA - V. ROMA | No hay comentarios »

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